CLIL

Policy Dialogue British Council

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BC Policy dialogue

Dicen que más vale tarde que nunca, así que con un ‘poquitín’ de retraso, aquí van mis conclusiones de mi asistencia al Policy Dialogue organizado por el British Council y la Universidad de Alcalá a principios de febrero con el título: Formación continua del profesorado: modelos de éxito e implicaciones para la enseñanza AICLE. Let’s go!

 

 

 

 

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To be or not to be? Enseñanza bilingüe en Educación Infantil

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La implantación de los programas bilingües en España se ha centrado generalmente en la etapa de la educación primaria. Sin embargo, muchos docentes reclamaban que la inmersión se adelantara a la educación infantil, cuando los niños y niñas están más receptivos al aprendizaje de lenguas adicionales y están comenzando a desarrollar sus destrezas lectoescritoras. El pasado 28 de octubre la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid anunció su intención de implantar la enseñanza bilingüe en centros públicos de educación infantil en la etapa de 3 a 6 años. En este post os cuento cómo se presentó el proyecto, mi opinión sobre esta iniciativa y más. Let’s go!

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El papel de la emoción o en busca de la C perdida

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El otro día leía en Twitter una noticia relativa a una publicación educativa que aseguraba que la neuroeducación está validando la extendida opinión de que el aprendizaje está determinado fundamentalmente por la emoción. “¡Noticias frescas!”, exclamé. Sin embargo, me di cuenta de que, aunque esto sea obvio para cualquier docente en su quehacer diario en el aula, no lo es para el conjunto del sistema educativo, ya que carecemos de la cobertura y herramientas para aprovechar al máximo este descubrimiento.

Echando la vista atrás, no fue hasta las décadas de los 60/70 cuando la psicología y la pedagogía se dieron la mano y se reforzó el ‘lado emocional’ de la educación. En la enseñanza de idiomas adicionales fue en esta época cuando se promulgaron métodos tan curiosos como  la “Suggestopedia”. Su propulsor, un egipcio llamado Caleb Gattegno, aseguraba que era necesario ‘desugestionar’ al sujeto antes de que pudiera realizar un aprendizaje efectivo. Para ello, se ayudaba de música barroca, textos leídos a media voz, sofás y una luz tenue. Si esto es parece bizarro, imaginaos la cara que pondrían ellos al vernos todo el día frente a una pantalla iluminada.  ¿Hemos perdido la emoción en nuestra sociedad?

Francisco Mora, catedrático de Fisiología Humana en la Universidad Complutense, y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica en la Universidad de Iowa, EEUU, aporta algo de luz a mi pregunta. En su colaboración con Carlos Arroyo en el blog de sociedad de El País apunta a la definitiva unión del binomio “Cognición-Emoción“. Para ser más exactos, “Emoción-Cognición“, ya que el cerebro primero pasa la información por la emoción y luego por la cognición, según sus palabras. Así pues, la emoción es inherente al ser humano en todo proceso cognitivo. (¡Qué interesante!) Además va más allá, asegurando que aprendemos para sobrevivir, y que, por tanto, el que aprende menos suele vivir menos. Tener una mente abierta al aprendizaje, y por ende, a la emoción, nos hace estar más capacitados para la supervivencia.

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¿Pero cómo podemos llevar todo esto a las aulas? ¿Cómo podemos potenciar el lado emocional del aprendizaje para hacerlo más duradero y útil? Marta Palomar, del Instituto Superior de Estudios Psicológicos, nos da algunas claves que intentaré analizar aquí. Para empezar, parece obvio que cada etapa de nuestra vida tiene diferentes momentos de aprendizaje. Es decir, no se trata de que cuanto mayor nos hacemos, menos aprendemos, sino que tenemos picos de actividad, y algunos periodos son más activos que otros. Así pues, debemos cuidar de que los niños tengan entornos que favorezcan el aprendizaje desde etapas tempranas. Para poder conseguirlo tenemos que favorecer el contacto de los niños con la naturaleza, y favorecer el movimiento físico. Esta es una metodología muy común en países como Finlandia y Alemania, por ejemplo, y en centros de carácter experimental-innovador como las escuelas-bosque.

De acuerdo con Palomar, el sistema se vuelve menos sensible a las necesidades emocionales de los estudiantes según estos van creciendo. De manera que cuando el cerebro ya tiene pleno potencial emocional, por así decirlo, es cuando los estudiantes son expuestos a materias de corte racional (y Palomar cita la biología y la física, por ejemplo). Admito que no estoy del todo de acuerdo con esta idea, ya que considero que estas materias no son racionales ‘per se’, sino que depende de la manera en la que se enfoque la asignatura. Esa es la impresión que tengo de lo que veo en mi día a día en el Centro Universitario Cardenal Cisneros. Conozco a profesores de asignaturas de corte científico que realizan numerosas actividades que acercan a los estudiantes los contenidos y ayudan a desarrollar las competencias a través de la experiencia (y por tanto, de la emoción). Otra cosa es que el currículo escolar o los materiales didácticos utilizados pasen por alto esta dimensión, o que hayamos cometido el error de meter las asignaturas en ciertos compartimentos estancos (el aprendizaje no sabe de cajones).

Exactamente pasa lo mismo con la aplicación de CLIL. En diversas ocasiones os he comentado que creo que la utilización de las 4 Cs: Contenido, Comunicación, Cultura y Cognición, ayudan al profesor a desarrollar actividades y herramientas que ayudan al estudiante a realizar un aprendizaje efectivo. Sin embargo, nos faltaba subrayar que en esa palabra mágica: “Cognición”, está también escondida, como la otra cara de la moneda, la “Emoción”. Quizás ésta sea la C perdida, el quinto elemento del entramado CLIL. No podemos enseñar en una lengua adicional si pasamos por alto la ’emoción’, y para buscar la ’emoción’ de chavales que rondan los veinte años hay que dar, desde mi punto de vista, un paso previo: conocerlos, escucharlos, observarlos. Aquí os doy algunas ideas que me han servido para trabajar aspectos emocionales en el aula:

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Write a letter to your students and ask them to do the same. Ask them about their hobbies, their families, their worries and their expectations on the subject you’re teaching or on the degree in general. Te permitirán, además, saber el nivel inicial de lengua de tus alumnos, y conocerás cuáles son las áreas en las que puedes trabajar. Si alguien comparte sus talentos artísticos, deportivos, etc., tenlos en cuenta para las actividades que vayas a desarrollar. Deja espacio para que puedan integrar sus habilidades a la par que llevan a cabo las tareas de clase ¡les ayudarán!

Create student cards with ‘unusual’ categories such as your most embarrasing  moment, or the happiest day in your life. Geniales para revisar el uso de tiempos verbales en pasado. Se pueden organizar con algo de “scaffolding” utilizando la estructura 1,2,3,4 de Aprendizaje Cooperativo. Primero trabajan individualmente, luego comparten en parejas, después en pequeños grupos, y finalmente con el grupo entero. Puedes organizar un Talk Show sobre el tema.

Use poetry, songs or short short stories to discuss on a particular issue seen in class. No olvidéis la literatura, por favor. Si estáis trabajando sobre biología o física, hay relatos recopilados en antologías editadas por Isaac Asimov que son una maravilla (fáciles de leer, y con un montón de potencial para debatir en clase). Recopila materiales que puedan unirse al temario de tu currículum para tenerlos a mano. Para poemas sobre cualquier tema, recomiendo los volúmenes escritos o editados por Pie Corbett.

Use drama-based activities, such as describing an initial scene, and inviting students to imagine what they would do in that situation, and write a dialogue to perfom the scene. No sé qué haría sin mis drama-based techniques. Crear diálogos que respondan a situaciones concretas es una técnica que podéis emplear en cualquier asignatura. Si no habéis trabajado con guiones de teatro antes, incluir una fase previa en la que los estudiantes puedan familiarizarse con el género. Una buena fuente de ideas es la página de Dominic Streames, efltheatreclub.

Espero que el post os haya resultado interesante. No dudéis en comentar 🙂 See you next time!

My report on… XXXIX Aedean Conference

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Hi everybody!

I’m back to comment on the 39th Aedean Conference held at the Universidad de Deusto, in Bilbao (Basque Country). I was delighted to attend this conference in such a beautiful place. And to top things off, the weather was absolutely fantastic.  The Conference ran from 11th to 13th November and, as always, I participated in the Language Teaching and Acquisition Section, coordinated by Prof. Francisco Gallardo del Puerto (Universidad de Cantabria).

My participation revolved around students’ perceptions and concerns on the use of CLIL in Teacher Education Degrees. This study saw the participation of forty-three  4th year students from our bilingual Primary and Infant Teacher Education degrees. Information was gathered using a questionnaire and focus-groups. Our main aim was to find an answer to the question: “Do students consider that taking the bilingual itinerary adds value to their training?” The main findings were quite revealing: 100% of the participants stated that they would choose the bilingual itinerary if given the opportunity. They also perceived that they had learned more contents, competences and didactic strategies solely due to following this itinerary.

Apart from this, the students’ comments reinforce some conclusions drawn from a previous study, with students from previous academic years. These findings, presented at Franklin Institute (2014), lead us to think that the implementation of CLIL may enhance students’ growth mindset (Dweck). If this is the case, CLIL will not only help attain better language proficiency in an additional language and good-quality teaching-learning methods, techniques and strategies, but will also have an influence on how students envision their own learning capacity.

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An infographic on Growth Mindset vs. Fixed Mindset. Source: https://blogthenewcenturyschool.files.wordpress.com/2014/03/nigel-holmes-graphic.jpg

There were some common aspects among the variety of topics presented in the sessions:

– interest in knowing how L1 positively or negatively influences L2 and to what extent this impacts and interferes with L3, L4, ETC.

I was not at all surprised, as this was a topic of interest when I was studying my degree (a long time ago now), and is still a matter of controversy. Why do elements which are similar in L1 become problematic when using L2? This issue has now expanded to a new scenario: speakers of three or more languages, as shown in the studies by Gutiérrez-Mangado & Martínez Adrián and Llinàs-Grau & Puig Mayenco. There is an interest in discovering whether learning one language helps the acquisition of specific language structures in other languages. However, to my surprise, Cummins was not mentioned at all. “Is the Interdependence Hypothesis out of fashion now?” I wondered.

– some talks aimed to describe the effect of task repetition in language acquisition.

I found this quite intriguing. It seems that some teachers have discovered that, if students are exposed to the same task time after time, the language used in the task tends to be more correct and the use of L1 is reduced. Also, it appears that when students are familiar with the content and procedure, they can focus on language. This suggests that they need to organise things first, and then they can pay attention to meaning.

It is evident that there is a cognitive component here. However, the word ‘cognition’ was barely used when dealing with these types of studies. It is necessary to make a stronger link between language and cognition. It is essential to have a look at the Cognitive Academic Language Proficiency (CALP) of participants, and their ability to use High Order Thinking Skills (HOTS) to discover whether cognitive demands and cognitive level are influencing these results.

–  CLIL as a context and as a pedagogical approach

As I put forward in my last post about AEDEAN Conferences, I was quite frustrated with the fact that schools were being labeled as CLIL whenever an additional language was used to teach content. My concern arose from a lack of distinction between schools embracing a methodological shift and those simply continuing a traditional approach. I mentioned this in my presentation to highlight that CLIL is not  just a context, but rather a pedagogical approach which has certain tenets. I insist on the need to distinguish bi-, tri-,and plurilingual contexts from CLIL contexts which are confirmed to be implementing a methodological change fostering the 4 Cs . That’s my view.

I also had the opportunity to talk to several speakers about this, and they told me I was right in indicating that CLIL should imply a methodological adaptation to a bilingual context. However, this was very difficult to prove in a ‘real’ study, as teachers were not willing to give information about their teaching practices. This leads me to the next point.

– Researchers admit having difficulties when obtaining information from schools

Even though this was not part of any of the sessions, the discussion came up when one person in the audience talked about his experience. Researchers have the feeling that teachers don’t want to cooperate with them, and therefore, it is virtually impossible to obtain information from real practical experience. In my view, this is completely true, but I can understand the teachers’ points of view, as they are bogged down by timetables, lots of paperwork, families and a myriad of children with different learning needs. Therefore, our point of view as researchers should be: what can I do for them in the short run? If we want this collaboration to happen, we must think about how we can help them to work better, and how they can collaborate with our universities. See for example how Celaya and Panelli, participating in this conference, mentioned how they had changed their questionnaires because teachers had spotted several difficulties in the original model. Personally, I’ve had school teachers talking in my lessons, and these have been rewarding not only for them, but also for me and my students. A different kind of relationship, beyond “just giving information or data”, must be established for the benefit of both parties.

– Culture: towards transculturality

The 4th C, Culture, has been the main topic of several of my posts on this blog. As you know, simply put, I consider that an English teacher should not limit his/her lessons to show how English people or American people live, their traditions, beliefs and celebrations. I believe that if English has become an International Language (EIL), it is also a tool to access any culture. In that sense, one of the speakers, Karen Jacob, mentioned the need to adopt the term “Transcultural” to denote how you can learn from and interact with different cultures. In her words, it gives a sense of “multidirectional movement”. In this context, Clavel-Arroitia and Pennock-Speck presented an interesting study involving telecollaboration between two high-schools located in Spain and Poland.

 

I hope this quick review is both informative and interesting. I’d love to read your comments.

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Me in beautiful and sunny Bilbao 🙂

I’d like to thank James Crichlow and Carolina Benito for revising the original version of this post. Thanks for all your suggestions!

¿Por qué CLIL? / Why CLIL? (Versión española / Spanish version)

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Feliz nuevo curso 2015/2016 a todos. Comienzo este nuevo año académico con una entrada escrita en español, la primera de la historia de este blog. La razón por la que he decidido hacerlo es que durante el curso pasado las diversas tareas que he desempeñado me han dado la oportunidad de conocer a muchos educadores, maestros y maestras, profesorado con diferentes perfiles, de diferentes lugar y con diferente formación. En muchas ocasiones he debatido con ellos sobre la enseñanza bilingüe, y en un 80% de los casos me han comentado que el término CLIL les era completamente ajeno o no habían recibido suficiente información sobre él. Cuando esto sucede no puedo evitar sentir cierta rabia, porque me parece un error privar al profesorado de la oportunidad de conocer una manera de trabajar que les va a ayudar a desempeñar de una manera más eficiente su labor, y que va a redundar en una educación de más calidad. En este post intentaré delinear las bases de estas cuatro letras.

Cuando en un centro escolar se decide apostar por una enseñanza bilingüe el primer paso suele ser el de asegurar que el profesorado tenga una competencia alta en inglés. Aprender el idioma se convierte en un objetivo fundamental y lógico, dado que se va a convertir en la lengua de comunicación con los estudiantes. No me detendré aquí en el tipo de lengua que los estudiantes de magisterio y profesores tendrían que adquirir (quizás en otro post, es un tema interesantísimo), pero a partir de ese momento, se puede cometer la mayor equivocación de todas a la hora de implantar el proyecto: considerar que la enseñanza bilingüe consiste en impartir lo mismo, del mismo modo y en otro idioma. Porque precisamente el lugar donde radica la magia de la enseñanza bilingüe es en la metodología. Impartir una asignatura en una lengua que no es la materna para los estudiantes requiere un cambio metodológico que, lejos de perjudicar, nos da la oportunidad de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este crucial segundo paso del camino se encuentra CLIL.

Continuemos prestando atención al significado de sus palabras: Content and Language Integrated Learning. Fijémonos que la palabra pone el acento en el proceso de aprendizaje (learning), mostrando así que se trata de un enfoque centrado en el estudiante. La primera palabra que encontramos es ‘contenido‘, porque es éste el que lleva la delantera. Enseñamos en inglés (o en otra lengua adicional), y lo hacemos para que el estudiante aprenda unos contenidos. Y estos contenidos aparecen ‘integrados’ con la lengua. No podemos separar el contenido de la lengua, van unidos. Por tanto, no se trataría de enseñar lo mismo que haríamos en español pero en inglés, y tampoco se trata de que enseñemos un tema como excusa para tratar un aspecto lingüístico.

En otro orden de cosas, muchos profesores temen aprender un enfoque o metodología nueva porque creen que van a ‘perder’ ese estilo de enseñanza que han desarrollado durante los años y que funciona. Lejos de que esto ocurra, mi experiencia es que la formación en CLIL hace que potencien los mejores aspectos de su docencia, y añadan otros que les facilitan tener herramientas docentes nuevas. El impacto es tal que muchos docentes a los que he tenido la suerte de formar me han confesado que su docencia en español, las clases que imparten en su lengua materna, también se benefician de este salto cualitativo.

La enseñanza bilingüe es posible si hay un cambio metodológico
La enseñanza bilingüe es posible si hay un cambio metodológico

¿Y cómo ponemos en marcha CLIL? Existen varios modelos que pueden guiarnos para entender como funciona este enfoque metodológico, pero yo emplearé las famosas 4 Cs de Do Coyle. Esta autora, profesora de la Univ. de Aberdeen, presentó cuatro pilares fundamentales para desarrollar CLIL. Por un lado tenemos:

  • el contenido: es el que marca el camino, y por tanto no hay que reducirlo. Si estamos reduciendo el contenido, tenemos que reflexionar sobre nuestra planificación, y las estrategias metodológicas empleadas. Algo no estamos haciendo bien, así que es necesario detectarlo para mejorar la próxima vez.
  • la comunicación: la base de una enseñanza/aprendizaje activo. No se trata solamente de desarrollar las competencias comunicativas de los estudiantes, sino que es a través de ellas cómo se desarrolla el aprendizaje. Para hacer enseñanza comunicativa nos valdremos de recursos que faciliten la interacción, ya sean tradicionales o digitales.
  • la cognición: yo la considero esencial. No todas las tareas que sugerimos a los estudiantes tienen el mismo nivel de exigencia cognitiva. El cerebro no utiliza las mismas destrezas (ni energía) cuando piensa acerca de, por ejemplo, cinco palabras relacionadas con el mundo animal, y cuando pido al estudiante que compare a un león y a una ballena en términos biológicos. Reconocer esta dificultad y equilibrarla es fundamental. Muchos materiales trabajan con destrezas de pensamiento inferiores, o sugieren tareas complejas sin apoyarlas con el adecuado apoyo lingüístico.
  • la cultura: un concepto que ya he tratado en este blog y que ha suscitado más de una polémica en foros de expertos. Coyle sugiere que prestemos atención a los elementos culturales implícitos y explícitos que trabajamos. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de ellos, por ejemplo, si trabajamos con la pirámide alimentaría, ¿creéis que contiene los mismos alimentos en España, Japón o Kenia? Una búsqueda en ‘google’ os puede dar una respuesta bastante sorprendente. Aprovechemos la ocasión para que los estudiantes puedan ser ciudadanos del mundo, y que el inglés sea la llave para poder acceder a él.

Esto no es nada más que un ligero barniz del potencial que el enfoque CLIL tiene para vuestras aulas. Mucho podríamos hablar sobre el andamiaje, BICS y CALP, la hipótesis de la intedependencia de Cummins, la integración con otras metodologías activas, etc. Si tenéis la oportunidad de conocerlo, no dejéis de aprovecharlo 🙂

La formación en el enfoque CLIL asegura la calidad educativa en la enseñanza bilingüe
La formación en el enfoque CLIL asegura la calidad educativa en la enseñanza bilingüe

Si te ha interesado este post, puede que te interese el Título de Posgrado ‘Expert in CLIL‘ del Centro Universitario Cardenal Cisneros, orientado a profesorado que quiere iniciarse en el conocimiento y práctica del enfoque CLIL. Formación Online con sesiones presenciales opcionales.

Imagenes cortesía de Patpitshaya y Photostock. Freedigitalphotos.net

Toolbox: Interactive boxes

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I’m the type of teacher who loves using envelopes, slips of paper and boxes. I’m always carrying materials like these to my classes, as I believe that they can be used for many purposes. Last year I attended a session about ‘learning boxes‘ in a Training Day for teachers and since then I was thinking about how to integrate this idea together into my lessons. At that time, my colleague prof. Juanjo Rabanal popped in my office to ask for my opinion about types of activities which could be carried out in the ‘Jornadas de Educación’ (Education Workshops), which are held once a year at the university where I work, and a light turned on in my mind. Why not turning ‘learning boxes into ‘interactive boxes’?

Interactive boxes are plastic or paper containers in which we put a task or activity. Students need to be able to carry it out without any lecturers’ help, and the task should ideally involve cooperative learning. Boxes need to include clear instructions about what students need to do to produce a learning outcome. Another characteristic is that time is restricted (that makes students go to the point and collaborate!). Instructions can be included as a paper worksheet, a digital file in a pen drive, a link to a video you have previously recorded, etc. Once students read the instructions and negotiate its meaning in their group, they start working to complete the task. In the box you may include objects they need to use in the activity. In this case, as we were working on interactivity, we used ICTs together with other objects, for example, a mobile phone, a tablet, a laptop, a measuring tool, etc. To make things more challenging, prof. Eva Peñafiel contributed to the project with an added difficulty using geocaching. In that way, students were given the coordinates of the location where the boxes were hidden (this was the first step to start working). We were really happy with the results of this experience, and it looked like students were finding it quite innovative.

My second try with interactive boxes was in a Postgraduate on-campus session.Lecturers from different departments created cross curricular activities which revolved around the topic ‘Scientific Expedition Trips‘. Students were divided into groups and given an explorer’s pack (introduction to the activity, a map with the places where the boxes where located, and a tablet). Once they read the instructions to the activity, they had a limited time to complete the task. For example, I designed an interactive box with fragments of real texts taken from diaries written by explorers. Students had to create a comic strip using photographs and an app to create Comics. Students created freeze frames and took pictures. When we finished the activity, teachers and students had a round-table discussion together. This was guided by the analysis of the activities carried out and the discussion about their design, usefulness,etc. One of the best things was to discover that many students were thinking about adapting this activity to their teaching contexts.

From a linguistic point of view, cooperative learning sets the best context to make participants use expressions related to negotiating meaning, giving opinion, praising others’ ideas, or encouraging peers to participate, among others. Also, it is advisable to encourage participants to reflect about what they have thought and felt while involved in the experience, and to encourage them to come up with more ideas to create new boxes they may use in their lessons.
Are you thinking about using this resource? Have you already used it? Was it successful? Would you like to have more ideas to develop it? I’d love to hear from you.

Interactive boxes are resources full with possibilities
Interactive boxes are resources full with possibilities

 

My experience with rubrics: all that glitters is not gold

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When I first heard of rubrics, I was thrilled to bits. Assessing students’ work is not my cup of tea, and I always found it difficult to provide students with enough feedback to justify my mark and to guide them to improve their work. Working with rubrics looked the perfect solution for this situation, and I started to use them with enthusiasm. I was a Practicum tutor, and I thought it was a good idea to use rubrics. I defined 30 items as assessment criteria and checked Practicum reports following it. It was hard work at the beginning, but once I knew what I was looking for in my students’ work, it became sort of automatic to mark their works. Once this assessment process was finished, I found out that most of my students didn’t come to my office to collect their works, hence, they didn’t have access to the wonderful rubrics I had written for them. Naturally, I thought that my assessment was better because I could justify the mark with detailed arguments, but I did not feel I was fulfilling the ‘formative feedback‘ I wanted to provide.

Using rubrics: pros and cons
Using rubrics: pros and cons

Once the new degrees (Bologna Plan) were implemented, it sounded natural to me to incorporate rubrics to my everyday practice. Every time I assigned a task, I included clear information about what I expected students to do (or be). I started using checklists, then went through assessment criteria classified into 5 levels according to the level of excellence, and finally I used level descriptors, explaining which outcomes belong to each mark for each assessment criteria. It took me a long time to find useful rubrics, and most of the time I had to adapt them or make them new from scratch. Even showing students rubrics in advance was not so effective as I thought, and many of them confessed they did not look at them when completing assignments.

My last stage in the use of rubrics has been somewhat ‘painful’. From the results I obtained using rubrics in different tasks, I realised that many students were obtaining passing grades, even when their work was not worth that mark. In other words, I considered that if I hadn’t used rubrics, students wouldn’t have had a pass. I discussed this with my colleagues. Some of them had stopped using rubrics, because they considered it was a waste of time (students don’t look at them, it takes longer to mark works and marks tend to be higher than they should; that’s what they told me); some others were adapting them to make them ‘fairer’ (or tougher). I then looked at my rubrics and discovered that I was giving 1 point out of 5 for an incorrect structure, or poor English. The trick was then to do some Maths and check whether works with poor learning outcomes could have a pass with that rubric, and Eureka!, I found out that many rubrics were making things too easy for my student. From a scale from 0 to 5, if you don’t have a 2,5, it is of no use to mark that work. You’re giving points for something which blatantly doesn’t meet the minimum requirements. 

Another issue is the one concerning the integration of content and language in rubrics. Most rubrics contain a section where the teacher can indicate if the students has a good level of English or shows good use of terminology. This ‘saves the day’ for most of us, but it is not a CLIL rubric. If we are integrating language in an appropriate way, we should be developing students’ language functions concerning the task in hand. For example, if we are working with experiments, and helping students to hypothesize, students should master hypothesizing structures such as: “It may…” “It’ll probably”, “It is possible that…”. A specific item in the assessment criteria should make reference to this type of language, and the learning outcomes concerning this. It is not just a matter of assessing, including this assessment criteria in the rubric means that we have integrated the learning of this language function in our lessons, and that students have had the opportunity to practise this language function inside (and/or outside) the classroom.

To sum up, my experience with rubrics is that of ‘constant learning‘, and I am now aware of many issues I have to take into account when designing a rubric (which I was not aware of before). All in all, I believe that rubrics are a great tool to assess students’ learning in a more appropriate way, and providing them with the feedback they need to do better next time.

What’s your experience with rubrics? Are you using them?