El papel de la emoción o en busca de la C perdida

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El otro día leía en Twitter una noticia relativa a una publicación educativa que aseguraba que la neuroeducación está validando la extendida opinión de que el aprendizaje está determinado fundamentalmente por la emoción. “¡Noticias frescas!”, exclamé. Sin embargo, me di cuenta de que, aunque esto sea obvio para cualquier docente en su quehacer diario en el aula, no lo es para el conjunto del sistema educativo, ya que carecemos de la cobertura y herramientas para aprovechar al máximo este descubrimiento.

Echando la vista atrás, no fue hasta las décadas de los 60/70 cuando la psicología y la pedagogía se dieron la mano y se reforzó el ‘lado emocional’ de la educación. En la enseñanza de idiomas adicionales fue en esta época cuando se promulgaron métodos tan curiosos como  la “Suggestopedia”. Su propulsor, un egipcio llamado Caleb Gattegno, aseguraba que era necesario ‘desugestionar’ al sujeto antes de que pudiera realizar un aprendizaje efectivo. Para ello, se ayudaba de música barroca, textos leídos a media voz, sofás y una luz tenue. Si esto es parece bizarro, imaginaos la cara que pondrían ellos al vernos todo el día frente a una pantalla iluminada.  ¿Hemos perdido la emoción en nuestra sociedad?

Francisco Mora, catedrático de Fisiología Humana en la Universidad Complutense, y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica en la Universidad de Iowa, EEUU, aporta algo de luz a mi pregunta. En su colaboración con Carlos Arroyo en el blog de sociedad de El País apunta a la definitiva unión del binomio “Cognición-Emoción“. Para ser más exactos, “Emoción-Cognición“, ya que el cerebro primero pasa la información por la emoción y luego por la cognición, según sus palabras. Así pues, la emoción es inherente al ser humano en todo proceso cognitivo. (¡Qué interesante!) Además va más allá, asegurando que aprendemos para sobrevivir, y que, por tanto, el que aprende menos suele vivir menos. Tener una mente abierta al aprendizaje, y por ende, a la emoción, nos hace estar más capacitados para la supervivencia.

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¿Pero cómo podemos llevar todo esto a las aulas? ¿Cómo podemos potenciar el lado emocional del aprendizaje para hacerlo más duradero y útil? Marta Palomar, del Instituto Superior de Estudios Psicológicos, nos da algunas claves que intentaré analizar aquí. Para empezar, parece obvio que cada etapa de nuestra vida tiene diferentes momentos de aprendizaje. Es decir, no se trata de que cuanto mayor nos hacemos, menos aprendemos, sino que tenemos picos de actividad, y algunos periodos son más activos que otros. Así pues, debemos cuidar de que los niños tengan entornos que favorezcan el aprendizaje desde etapas tempranas. Para poder conseguirlo tenemos que favorecer el contacto de los niños con la naturaleza, y favorecer el movimiento físico. Esta es una metodología muy común en países como Finlandia y Alemania, por ejemplo, y en centros de carácter experimental-innovador como las escuelas-bosque.

De acuerdo con Palomar, el sistema se vuelve menos sensible a las necesidades emocionales de los estudiantes según estos van creciendo. De manera que cuando el cerebro ya tiene pleno potencial emocional, por así decirlo, es cuando los estudiantes son expuestos a materias de corte racional (y Palomar cita la biología y la física, por ejemplo). Admito que no estoy del todo de acuerdo con esta idea, ya que considero que estas materias no son racionales ‘per se’, sino que depende de la manera en la que se enfoque la asignatura. Esa es la impresión que tengo de lo que veo en mi día a día en el Centro Universitario Cardenal Cisneros. Conozco a profesores de asignaturas de corte científico que realizan numerosas actividades que acercan a los estudiantes los contenidos y ayudan a desarrollar las competencias a través de la experiencia (y por tanto, de la emoción). Otra cosa es que el currículo escolar o los materiales didácticos utilizados pasen por alto esta dimensión, o que hayamos cometido el error de meter las asignaturas en ciertos compartimentos estancos (el aprendizaje no sabe de cajones).

Exactamente pasa lo mismo con la aplicación de CLIL. En diversas ocasiones os he comentado que creo que la utilización de las 4 Cs: Contenido, Comunicación, Cultura y Cognición, ayudan al profesor a desarrollar actividades y herramientas que ayudan al estudiante a realizar un aprendizaje efectivo. Sin embargo, nos faltaba subrayar que en esa palabra mágica: “Cognición”, está también escondida, como la otra cara de la moneda, la “Emoción”. Quizás ésta sea la C perdida, el quinto elemento del entramado CLIL. No podemos enseñar en una lengua adicional si pasamos por alto la ’emoción’, y para buscar la ’emoción’ de chavales que rondan los veinte años hay que dar, desde mi punto de vista, un paso previo: conocerlos, escucharlos, observarlos. Aquí os doy algunas ideas que me han servido para trabajar aspectos emocionales en el aula:

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Write a letter to your students and ask them to do the same. Ask them about their hobbies, their families, their worries and their expectations on the subject you’re teaching or on the degree in general. Te permitirán, además, saber el nivel inicial de lengua de tus alumnos, y conocerás cuáles son las áreas en las que puedes trabajar. Si alguien comparte sus talentos artísticos, deportivos, etc., tenlos en cuenta para las actividades que vayas a desarrollar. Deja espacio para que puedan integrar sus habilidades a la par que llevan a cabo las tareas de clase ¡les ayudarán!

Create student cards with ‘unusual’ categories such as your most embarrasing  moment, or the happiest day in your life. Geniales para revisar el uso de tiempos verbales en pasado. Se pueden organizar con algo de “scaffolding” utilizando la estructura 1,2,3,4 de Aprendizaje Cooperativo. Primero trabajan individualmente, luego comparten en parejas, después en pequeños grupos, y finalmente con el grupo entero. Puedes organizar un Talk Show sobre el tema.

Use poetry, songs or short short stories to discuss on a particular issue seen in class. No olvidéis la literatura, por favor. Si estáis trabajando sobre biología o física, hay relatos recopilados en antologías editadas por Isaac Asimov que son una maravilla (fáciles de leer, y con un montón de potencial para debatir en clase). Recopila materiales que puedan unirse al temario de tu currículum para tenerlos a mano. Para poemas sobre cualquier tema, recomiendo los volúmenes escritos o editados por Pie Corbett.

Use drama-based activities, such as describing an initial scene, and inviting students to imagine what they would do in that situation, and write a dialogue to perfom the scene. No sé qué haría sin mis drama-based techniques. Crear diálogos que respondan a situaciones concretas es una técnica que podéis emplear en cualquier asignatura. Si no habéis trabajado con guiones de teatro antes, incluir una fase previa en la que los estudiantes puedan familiarizarse con el género. Una buena fuente de ideas es la página de Dominic Streames, efltheatreclub.

Espero que el post os haya resultado interesante. No dudéis en comentar 🙂 See you next time!

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